Nació en verano, un viernes 7 de enero de 1983. Para entonces era peligroso nacer en el Posadas. Fue un regalo de Dios a la familia. Llenó de luz todos los espacios. Una noche antes de nacer una mujer que no volví a ver me dijo: “Vas a tener una hija llena de luz”.
Tiene un hermano mayor que la amó y la ama profundamente. Era “La Moti”, un ser que miraba lindo con sus ojos de miel y sonrisa dulce. Por donde pasaba sembraba amor y respeto. Comenzó el Jardín en Santa Marta pasó luego a la primaria en “la 30” y en “la 79”. En “La Güemes” conoció a sus amigas de toda la vida, sus hermanas eternas, con las que construyeron una familia amorosa entre sus hijos son los “primos del amor”.
En los 90, siendo una niña pequeña todavía, comenzó a participar en los grupos de scout en la Parroquia Madre de Dios, a la vuelta de casa. Fue su salvoconducto, sus padres se separaron. La falta de todo destrozaba las familias a fines de los 90. Y Natu mientras contaba monedas, para hacer fotocopias, le sonreía a la vida. Una profesora la becó para que estudie Historia en el San Fernando.
En un contexto de caos social Natacha adolescente andaba pintando grafitis por ahí “XTO100pre”, coordinaba grupos de preadolescentes, apenas más chicos que ella, con las monjitas y el padre Santiago. Andaban casa por casa llevando abrazos y esperanzas. Su primer compromiso fue con Jesús revolucionario, “siempre lista” al servicio de la otredad. Pasó por muchas necesidades e injusticias, pero nunca se quejó, jamás.
La echó un curita porque hablaba de Perón con los pibes de la Parroquia. No pasó en vano por ahí, muchos jóvenes pudieron entender que “nos quieren ver tristes” porque de esa manera se les domina fácilmente. Natu promovió la alegría de la militancia social sin verso, por el amor a los más humildes.

En las ruinas del Cine ISA, hoy Centro Cultural Marechal, se juntaban los pibes y pibas a soñar un mundo amigable. Con su gran amigo, hoy director de El Balcón, Alejandro Ayoroa, coordinaron grupos de teatro comunitario, involucraron a todas las familias y cosíamos retazos de vida para que se luzcan en los escenarios prestados. Eso era una revolución, en Tesei también se les plantaron a las autoridades cuando se inauguró el Centro Cultural y mucho no los querían dejar actuar ahí ¿serían muy peligrosos? Andaban por las tardecitas levantando pibitos en la calle para jugar, para actuar, para ser protagonistas. Así era la vida de Natacha: amigable, alegre y comprometida.
Honró a su abuela Cata y a su abuelo Cayetano, con toda su amorosidad. Una madre todo terreno que cargaba su mochila y el bolso de sus cachorritos en bondi para que se los cuide hasta que volvía del laburo, los bañaba en serie, los llevaba a Teatro, a los cumpleaños, les hacía las mejores tortas a sus tres hijos, los llevaba de raje a la guardia si tenían fiebre o se golpeaban, o necesitaban un dentista. Nunca dijo que estuviera cansada, sus hijos eran sagrados para ella. Eran su mundo de máxima amorosidad. Orgullosa de ser hija de Chacho artesano, de su hermano, sus tres sobrinos: Agustín, Thiago y Lola (y sus madres). Y de “Alicia” su compañera de vida, en las buenas y en las otras.
Ella contaba conmigo y yo contaba con ella. Eso era así, para siempre. Para Natu sus raíces fueron sagradas y respetadas, amorosidad y respeto para sus seres queridos: su tía “Negrita Isabel” y su tío Juan “Ambroyí”, su tío Chiche de Misiones, sus primas y sus primos hermanos. Hacía magia con sus tiempos de amores para su familia.
En un encuentro juvenil, Tandil 2004, conoció a la JP. En la ESMA se enamoró de Néstor cuando bajó los cuadros. Entendió que para cambiar el mundo tenía que meterse hasta los huesos. En Santiago del Estero se enamoró de Facundo, el padre de sus tres hijos. Nació Dante Sabino en 2010, en 2012 nació Eva Catalina, y por esas cosas que sólo Dios sabe que tienen que ser, nació Juana Victoria en 2017. Su Patria era su familia y todas las familias, todas las mujeres y les niñes. Sus sueños de militante se metieron en las villas, ella contaba sentada en cualquier silla que todes tienen derechos y que hay que ejercer poder popular para conquistar los derechos vulnerados.

Su bondad y firmeza de convicciones avergüenzan corazones. Jamás fue detrás de cargos. Natu decía que a ella la conducía la política social, no la debilidad de pisar a alguien para seguir el camino, convencida de que ese camino era siempre colectivo.
Ejerció la docencia en nivel secundario por algunos años. Fue la política social la que la nombró responsable provincial de los Consejos Juveniles; coordinadora de la Región 7° de Salud por los Centros de Prevención de Adicciones, durante varios años; la dirección de la Secretaría de Cooperativismo en la provincia de Buenos Aires; y dos veces concejala de la municipalidad de Hurlingham.
Promovió la creación de cooperativas que aún hoy siguen en vigencia, en la provincia. (Como la cooperativa de comunicación, La Oreja Activa, en Hurlingham, por ejemplo).
Natacha no daba para recibir, daba porque era su misión, cómo Cristo le enseñó. Tenía muy claro quién era el verdadero enemigo del pueblo, por eso les restaba importancia a las discusiones chiquitas. La movía en esta vida la fe y el legado de Evita. Nunca se quedó con nada de otro, ni siquiera con los rencores de otros, los abandonos, la indiferencia, las calumnias, las espaldas, cuando detuvo su marcha de quienes tanto amó.
Siempre fiel a Cristina y al legado de Néstor. Escribió con gran preocupación sobre el futuro de sus hijos, o sea todos los hijos, las nuevas generaciones, en contexto de gobierno ultraderecha. Entristeció un día. Nadie la vio. Lo dio todo.
Hoy descansa en paz, abrazada como se merece, con amor infinito e inagotable.
Nunca se va del todo quien ha tirado semillas en tierras donde pareciera que nada puede germinar, sin embargo, allí andaba Natacha, dejando sus abrazos, su palabra buena, su mirada dulce y sus hoyuelos preciosos, su convicción peronista y la esperanza de lograr justicia social donde el Estado no llega, de la mano con el último de la fila.
A todo le puso poesía, al hambre a las tensiones, a la incertidumbre. Sus huellas quedaron en “tu lugar en el mundo” para siempre. Rompiste egoístas barreras de injusticia.
La muerte huye siempre de la luz mi amada Natacha. Eres luz eterna y resucitada.
Gracias hija por haber sido mi compañera. He aprendido mucho de tu gran amor.







Muchas gracias a vos por tu comentario. Un abrazo Carlos
Me encantó el texto
Su contenido muestra la amorocidad, la Valentina y el compromiso, todo lo bueno qué puede tener un ser humano.
Un merecido homenaje!!! Gracias por difundirlo!!!
Gracias infinitas por tus palabras. Natacha es y fue lo que está bien. Hay militantes que tienen el mismo espíritu y eso es muy esperanzador. Abrazo grande Aida.
Mi nombre es Alicia Soy la mamá de Natacha. Fue hermoso compartir la vida con ella. Me enseñó sobre el amor incondicional. Gracias
Hermoso texto.
Gracias.
Gracias por tu comentario. Un abrazo Carlos