Por Gustavo Zapata*
“Pobladores del mundo, salvaguardemos esta belleza, no la destruyamos”
Yury Gagarin
No sé ustedes. Soy ateo desde que comprendí que la bolita celeste en un universo hostil a nuestra evolución e indiferente a nuestro destino, gira sin rumbo ni lógica hasta consumirse.
Pero también existe una rara esencia: el sentido espiritual de hallar significados que justifiquen esa chispa que implica una vida, hecha de muchas otras. Eso conmueve a quien tenga conciencia y edad suficiente para comprenderlo.
Por ejemplo un gesto: llevar la llama de Jerusalén para celebrar una resurrección de Cristo para los cristianos ortodoxos.
La pascua oriental se celebra en una fecha diferente a la católica debido a variaciones culturales y calendarios. Este año, los pueblos asociados con la idea de la “tercera Roma” —que sitúa a Moscú como heredera de Roma y Constantinopla— celebraron el 12 de abril, manteniendo tradiciones que reflejan ese legado histórico y espiritual.
Pero la actual es una fecha signada por la guerra en Israel/Irán, Asia occidental según sus protagonistas, Oriente medio, según la cartografía imperial inglesa.
La costumbre rusa es llevar una llama considerada sagrada desde la iglesia del santo sepulcro en Israel hasta Moscú, sede del Patriarcado Oriental. Una expresión de fe, unidad y devoción para un pueblo muy agredido, un país abierto a invasiones desde los mongoles hasta los nazis. Hoy paga con sangre joven por su supervivencia como nación frente al avance continuo de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) desde 1991.
La dura historia hizo que fuera en esta coyuntura una misión difícil, ya que el gobierno de Israel es hostil al eslavo. Sin embargo, la administración del presidente Putin agenció los recursos diplomáticos y materiales para que su aviación de paz hiciera posible llevar ese fuego simbólico.
Y se realizó el mismo día que se recuerda la llegada al espacio de Yuri Gagarin, primer ser humano en llegar al espacio en la era soviética. Era otro pueblo y otra nación que construía sus propios símbolos de unidad, con alcance a la Humanidad toda.
Hay poesía en esta coincidencia. Quizás una metáfora que nos hace saber que hay concordancias posibles entre lo que se considera sagrado y aquellos eventos materiales trascendentales para la especie.
La humanidad necesita creer en la paz. Una mujer presidenta como Claudia Sheinbaum y otros líderes regionales como Lula o Petro, han fijado posición con la dignidad y la fuerza del ejemplo.
Es preciso hacer lo necesario para que las vidas y las riquezas tengan un mejor propósito que las matanzas imperiales por el petróleo, los negocios o el poder concentrado en pocos.
Vaya nuestro abrazo a los millones que peregrinan año a año a Lujan, a San Cayetano en Liniers o a cualquier sitio donde se acumule y rece por ese deseo. La causa es la misma.
Mientras tanto sigamos organizando la posibilidad de que la justicia social permita existencias decentes y con lo suficiente para todos los pueblos que trabajan y hacen el mundo.
A Dios rogando y con el mazo dando.
*Gustavo Zapata
Secretario General de CTA
Morón –Hurlingam -Ituzaingó







