Por Cristian Tauil
A fines de los 80 se produce la caída del muro de Berlín, en la Argentina gobernaba Menem, alguien que confesó, que si decía lo que quería hacer no lo hubiesen votado.
Dijeron que la historia se había terminado, que, tras la caída del muro de Berlín, la humanidad había llegado al fin de su evolución ideológica, Qué excentricidad la de Fukuyama, mientras él en su despacho escribía un textito, en La Plata la resistencia se cocinaba a fuego lento entre el humo del cigarro, la birra y la poesía de los Redonditos de Ricota.
Poco tiempo después el EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional. México) irrumpiría en la escena para decir, ¿Fin de qué? Por entonces y volviendo me encontraba en La Plata, donde invadía el sentir de la resistencia en esa magnífica obra “Fuegos de Octubre” de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota-“De regreso a octubre, desde octubre sin un estandarte, de mi parte, te prefiero igual, internacional”…
Siempre tan ilustrativo para determinar uno “de qué lado de la mecha te encontrás”, frase que se popularizó en la canción “Queso Ruso” En medio de «tanto humo» y confusión, mi objetivo es ayudarte a ver el «bello fiero fuego», es decir, brindarte información precisa, útil y transparente para que vos puedas sacar tus propias conclusiones y elegir de qué lado querés estar.
Y en medio de la soledad reivindicar también a “Aquella solitaria vaca cubana”, que rumiaba el silbido del tiempo y la civilización la amaba justo a tiempo.
La primera vez que los vi en vivo fue en el micro estadio de Gimnasia en La Plata, como siempre nos gaseó la policía en la puerta, pero entramos igual, yo era pendejo y escurridizo, logré subir al escenario siguiendo a un encapuchado cuando la banda se aprestaba a sonar con “la bestia Pop”, por entonces el encapuchado era el mismísimo negro José Luis uno de los jefes de la barra brava de Gimnasia, cuándo el chabón me vio dijo: ¿vos quién sos? Me tomó por los brazos y me arrojó a la multitud que se agolpaba en un pogo encendido. “Vamos a Brillar mi amor”.
Nadie puede apagar lo que se siente y se admira, hasta siempre indio, otro dios sucio que se nos va como el Diego, sabelo poeta, nosotros somos como “el pibe de los astilleros”, que nunca se rendía, rapiñando montado a los containers, el maldito amor que tanto miedo da.
Yo, mientras tanto, me iré corriendo a ver que escribe en la pared “la tribu de mi calle”, seguramente estarás brillando en el universo, ondeando “banderas en tu corazón” ondeando, luzca el sol o no. Junto a Néstor, Chávez, Múgica, obvio El Diego.
Hasta siempre indio, seremos como el Che, con su cañón del futuro, hoy te das paso a la inmortalidad aniquilando canallas, con tu poesía inmortal.





Conmovedoras tus palabras Cristian !!!!
Geacias Stella Maris