Por Gustavo Zapata
No mencionar a lxs hermanos que okupan la Rosada por mandato provisorio ayudaría a invisibilizar su nombre en las redes. Y cuando el algoritmo no te ve…disminuye un gramo de su relevancia.
Evaluar, dimensionar, hallar sentido a la emergencia de este fenómeno político, es relevante. Luego, reconocer su funcionalidad entre socios o patrones de pederastas, genocidas y führers profesionales.
En especial quiero enfocar hoy un par de ángulos de este poliedro, de esta figura de muchas caras. Es el símbolo parlante y activo de una necesidad de la clase dominante/propietaria/monopólica que le dio sus mejores cuadros y quizás sus planes más siniestros.
¿Por qué una figura hecha a base de escándalos mediáticos, inflado por sus indecencias públicas, mostrado como rareza con rating, atrapó las preferencias sociales? Qué significa ese ícono? ¿Es, quizás la sombra fugaz de una sociedad desparramada horizontalmente y desgarrada culturalmente por una larga década, -contando el fin de la experiencia kirchnerista?
¿Es la expresión político electoral de las/los que perdieron un sentido de pertenencia y la buscaron en la góndola de lo raro? ¿Qué les llevó a prestar oídos a esa alocución desaforada y en especial a sus consignas de ocasión: dolarización, desinflación y achique del Estado?
La dolarización de hecho es algo que ocurre en los precios de servicios, tarifas e importaciones pero el gran robo se da al subir los precios más que los salarios y que semana a semana quema los pocos billetes circulantes. Lo último es el desmantelamiento constante de cualquier función que no implique la garantía de ganancias rápidas, seguras y fugables de sus patrones.
Pocos oyeron el sentido último de su programa: “Estado mínimo para seguridad, relaciones exteriores y gestión de la macro”. Ya están a la vista y desplegadas las consecuencias de aquel gran error social: el peor peronista es 100 veces mejor que el mejor libertario/liberal extremo. Porque con un gobierno peronista podés empujar en defensa o avance y habrá quien escuche pero con las versiones liberales, civiles o militares, siempre es cómo retroceder más, siempre más.
Los que envuelven el paquete del oportunismo disfrazado, colgados de cualquier etiqueta de venta fácil, son cómplices y se suben al monorriel de papel para cazar dólares, acovacharlos rápidamente, dirán luego sueltos de cuerpo, que adhieren a sus ideas.
No les preguntes dos veces seguidas cuáles son esas ideas: tras la consigna o el eslogan no hallarás más que el viejo resentimiento de quienes no pudieron ser ricos y famosos cuando se los pidió la ambición.
Aquí aparece el odio al pobre, al negro, a la mujer insumisa, al habitante de una villa o asentamiento, al desocupado por obsolescencia tecnológica…en fin, a cualquiera que no comulgue son sus aspiraciones de barrio cerrado, vida de arribista y vacaciones en Miami.
Es lo que enfrentamos: un consumo de calcomanías de quienes pretenden seguir con su fraude en defensa de los que realmente mandan, de los que con un toque de celular encauzan millones de dólares fuera de la vista y a salvo de impuestos. Es decir, quienes deciden cuanto va a ganar la maestra/o, el/la policía, el/la médica de guardia en la salita del barrio, el/la científica del Conicet o quienes investigan un tratamiento innovador en el Hospital Posadas.
Es la marca Miller, la marca del presidente. Lo único sólido en medio de nuestras inconsistencias de clase, aspiraciones de alianza con los que acumulan, empujones por protagonismo en la selfie, búsqueda de pulseritas para el acto o la desesperación por una marca propia para el estante electoral.
El triste sueño de ser un funcionario colonial.
*Gustavo Zapata
Secretario general de CTA
Morón –Hurlingam -Ituzaingó






