Por Gustavo Zapata*
Hay palabras que definen climas de época. Según como caracterizamos lo que pasa, podemos pensar cómo cambiar o sostener una situación. Y ser precisos nos permite analizar con claridad.
Es común oír de nuestra gente frases difusas que no permiten ver con certeza pero sirven como excusa para no actuar. Como por ejemplo “todas/os los políticos mienten”. Acaso ¿las/os oftalmólogos o las/os barrenderos no lo hacen?
Otra banalidad circulante: “no quiero que vuelvan los de antes…” ¿hablan de los neoliberales macristas que actualmente pueblan los equipos gobernantes? o ¿de peronistas que hoy se hacen cargo del gobierno bonaerense y numerosas provincias, diputados, diputadas, senadoras, senadores y puestos diversos?
Dos señores del equipo en función, los ministros Caputo y Sturzenegger, ¿acaso son novatos en su primer cargo público?
Es dificultoso hallar el término justo, en especial para quienes no transitaron lo suficiente aquellos artefactos con muchas letras, hojas numeradas, tapas ilustradas y lomos identificando autores y títulos. Seguro alguno los recordará.
En tiempos livianos como bits y emojis, un mensaje en la red X con la trascendencia de un pestañeo, se vuelve titular en los medios, mientras 168 niñas asesinadas por un bombardeo norteamericano en Minab es sólo un eco lejano. Tragedias ajenas.
Para aquellas personas que apreciamos el valor de las palabras y nos damos el trabajo de elegir las mejores, pocas y suficientes, es un momento de grandes incertezas y desasosiegos. Quedamos con mirada de pingüino cada vez que se oye escupir insultos y groserías desde las niñeces hasta los comunicadores/as sociales de gran impacto y alcance masivo.
Creo que más dañino resulta el uso de conceptos que no dicen nada y pretenden definir coyunturas, procesos sociales o situaciones problemáticas.
Pues es más fácil y efectivo, aunque incómodo, analizar algunas cifras para dar con respuestas.
Ver que la desregulación de precios y ganancias que ordenó el actual gobierno permite que las billeteras electrónicas como Mercado Pago te cobran 1.375% de interés cuando quedas debiendo.
Desde diciembre de 2.023 el precio del Subte aumentó 2.005%, transporte público 1408%, el gas 2,185%, la luz 568% y el agua 525%. Y repetís la oración: la inflación bajó…
El salario Mínimo Vital y Móvil sólo 158%. Y te preguntas por que no te alcanza…
Mirás melancólicamente la pelusa de la billetera o el medio limón mohoso en la heladera cuando podrías preguntarte: ¿quién se quedó con lo que te falta?
Duele comprobar las limitaciones de esa religión llamada propiedad privada y no entender que ya alguien marcó tu destino. Por ejemplo saber que nunca serás rico cuando te convencieron que es el mejor futuro deseable.
Siempre es duro reconocer que otras personas vivirán con yates, cuentas en dólares en cuevas fiscales, casas (muchas) en barrios cerrados, autos de alta gama (sensación orgásmica digna de un estudio psiquiátrico) y todos esos brillos del poder y la fama.
Pero para eso hace falta que millones vivan en una frontera de desdichas que van desde comer una vez al día, vivir en la calle, quitarle las pensiones a las personas con discapacidad, despedir empleadas/os y obreros/as… las caricias cotidianas del poder.
Sentís que te hacen tragar indignidad a baldazos, que sólo aprendiste a mirar tu baldosa y rumiás como diputado con micrófono: es complejo, es difícil, es complicado. Podés escucharlo cada vez que un movilero busca una declaración en la calle. Un empresario nunca identificará a los/as responsables de este bombardeo masivo de pobreza y sufrimiento.
Pues bien, será hora de reconocer quiénes tienen la culpa de cliquear esas decisiones, meditar sobre cómo lo hacen y sobre todo aprovechar que por algo tenemos una sola boca, pero también dos ojos y dos oídos.
Sobre todo dos manos para modificar esto.
* Gustavo Zapata
Secretario general de CTA
Morón –Hurlingam -Ituzaingó






